lunes, 17 de septiembre de 2018

SOBRE CONCURSOS EDUCATIVOS


      Ayer puse en Twitter un tuit haciendo alusión a los concursos de educación organizados por bancos y otras entidades. A raíz de ahí se organizó un debate bastante nutrido de aclaraciones y yo desde aquí quiero hacer las mías.

      Vaya por delante que me parece muy legítimo que los y las docentes se presenten a premios, cada cual es libre. Cierto es también que hay muchos concursos a los que uno no tiene que presentarse, le nominan, lo que imagino que supondrá un orgullo pues se han acordado de ese o esa docente y eso es  en sí un premio.
Sin embargo ,creo que estos concursos no han hecho ningún bien  por la comunidad docente. Tengo cientos de compañeros docentes estupendos a los que nunca se les ha pasado por la cabeza presentarse a un concurso, aunque repito sería legítimo hacerlo.  Tengo compañeros docentes que no conozco más que por las redes sociales y sin embargo los admiro por su profesionalidad y su buen hacer. Y no dejo de alegrarme por gente a la que nominan y que bien lo merecen , pero sigo manteniendo mi idea del mal que llevan hecho estos premios por dos razones fundamentales:

- Estos premios nos han dado personajes como César Bona o David Calle, que se permiten decirnos cómo tenemos que dar clase cuando ellos han abandonado las aulas desde el premio. Yo puedo recibir consejos de mi compañera de pasillo, de docentes de todo tipo, aprendiendo en el descanso de un café de congreso o en la charla de un congreso que un compañero o compañera docente imparta, pero ¿de alguien que ha abandonado el aula? A dar clase se aprende cada día y creo que eso sólo se hace a pie del cañón, recordando cada día lo que es dar clase a 25 alumnos y alumnas diferentes, con diferentes necesidades, en la que tienes que convertirte en agente multitarea para poder atenderlos a todos, con recursos materiales o personales escasos , etc.  Acepto consejos, sugerencias, y todo lo que me sirva para mejorar en mi práctica educativa, pero no de alguien que lo primero que ha hecho ha sido abandonar el aula y da lecciones desde un atril.


-A mayores, y como antes decía, estos concursos convocados por bancos y otras entidades (cuya preocupación por la educación me parece dudosa pero han encontrado un "mercado digno" en el que publicitarse), han llevado a muchos docentes a una carrera por el éxito en el que todo vale. La competencia es brutal, se roban proyectos para mejorarlos, " se innova " porque lo nuevo vende, funcione o no. Actualmente se aplican en España metodologías cuyos resultados y eficiencia están por demostrar, pero no importa porque son modernos, pero al final es el alumnado el conejillo de indias sobre el que se experimenta, ¿es esto trabajar en pro de una educación de calidad?.

  No me considero mejor que nadie, todo lo contrario cada día veo en Twitter docentes de los que tengo que aprender, creo que de eso se trata, pero también ha sido en esta red donde he encontrado la cara más amarga, donde he encontrado ese egoísmo y competencia.

   No está maĺ presentarse a concursos, ni dar ponencias, lo que está mal es que sea el objetivo de nuestro trabajo, y que por conseguirlo juguemos con el alumnado y pisemos a otros docentes. Veo una pérdida de ética y compañerismo que me duele más en esta profesión, pues no sólo enseñamos, no instruimos, educamos. Por eso, no todo vale.

 

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